15.4.05

El vampiro de Villa Diodati

Resulta que tomé del depa de Pro un libro, El libro de los vampiros. Lo tenía junto a Confabulario y las obras completas de Lovecraft, que también me traje. Antologaban cuentos y relatos vampíricos de Potocki, Hoffmann, Poe, Gautier, Le Fanu, Capuana, Maupassant y Darío, un poema de Goethe y el cuento que me interesó.
John William Polidori era médico, y era también el secretario de Lord Byron. La literatura y la medicina la conjuntó porque el pobre se puso estudiar (luego a escribir) los efectos psicosomáticos del sonambulismo y las pesadillas. Además era joven. Acabó su carrera a los 20, incluso menos; ningún hospital apostó por él. Y después de todo, al leerlo, yo tampoco le hubiera apostado un buen futuro en la medicina. Lord Byron, en cambio, lo hizo su secretario, y un poco por tenerlo contento también su doctor.
Tenía 21 años cuando hicieron el viaje en el nunca llegaron a Italia. Dicen que había tormentas y los caminos eran muy malos. Surgió de Claire Clairmond (porque iba con ellos [e iba también el matrimonio Shelley, Serope Davies y Pellegrino Rossi]) que sería bueno olvidarse un poco y quedarse en Suiza.
Delineando el Lago de Ginebra dieron con Villa Diodati, una residencia grande y muy blanca. Invitaba por mucho al descanso, el cual era necesario después de haber pasado por París, Lyon, Dijon y Ginebra, porque dicen que en cada ciudad armaban la fiesta.
Era el año del 1816, y la Villa Diodati se reflejaba en el agua no blanca, ya su color era perla. Muy semejante al color de la luna que siempre tiene cuando se asoma en los lagos de la parte francesa de Suiza. Descansaron un día y al otro se pusieron de nuevo a beber. Beber es sinónimo de charla y noche productiva para los que escriben (con más razón si se era un burgués del s. XIX), y entonces no fue la excepción.
Lord Byron tomó la palabra. Les comentó la impresión que en la víspera le acababan de dejar las lecturas de unos cuentos fantásticos alemanes, y les propuso como ejercicio que cada uno escribiera una historia de horror. Más bien de terror.
Claire Clairmond, que era muy guapa, y como toda guapa siempre hablaba a la primera, se excitó. Por supuesto que la escribo, les dijo. Percy y Mary Shelley le siguieron y dijeron que sí. Luego Davies y Pellegrino Rossi... Polidori dudó un poco. Quizá le vino a la cabeza lo de los efectos psicosomáticos de las pesadillas y le tuvo miedo. Pero al final dijo que sí.
Nadie, ni Lord Byron, concretó lo prometido. Sólo 2: Mary Shelley y Polidori.
La esposa de Percy, que por aquel entonces era la esposa de Percy no Mary Shelley, hizo entrega de un borrador bajo el título de Frankeinstein, y le fue muy bien. Polidori, en cambio, entregó The Vampire, que es el cuento que les digo que me interesó.
Incluso el Drácula de Stoker, el más famoso, es el mismo Lord Ruthwen, que es el nombre que lleva el conde en el que Polidori sacia sus pesadillas sobre la fragilidad de la mujer. Es un poco el sonámbulo (su propio “otro”) que un día se puso a estudiar.
5 años después, a los 26, John William Polidori murió.
Atrás quedaba lo vampiroide. Por frente se erguían mis propios vampiros: condes manipuladores de capas largas. Dandys y pasionales. Oscuros, de mordida grande. Buscando doncellas burguesas, no simples muchachas...
Y es que si aquella reunión de Villa Diodati es considerada hoy como el gran punto de referencia de la literatura moderna de terror, Polidori, por sí solo, es el padre de lo vampírico más moderno, y eso que pienso que no es un gran cuento, pero su cuento es el vivo retrato de todos los vampiros que habrían de venir.

11 Comments:

Blogger Tristán Estar said...

Hubo otro hombre en Villa Diodati: Hobbhouse. Sorry, se me pasó.

abril 15, 2005 4:49 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

El meu estimat amic els meus ulls són els teus ulls,hablamos de ojos. Sigue sucediendo se aprende de los hermanos.

Memo anònim

abril 16, 2005 6:16 p. m.  
Blogger Raquel Olvera said...

oyes, ¿sabes quién tiene una versión padrísima de la escritura de Shelley?
María Luisa Rubio; es una narración oral, pero quien quita y se anima a dejarte un coment.
Eso del cuento de doctor estaría bueno verlo.
Besos

abril 16, 2005 7:48 p. m.  
Blogger Tristán Estar said...

Arqui, tú tienes de anónimo lo que yo de catalán. Ja. Te mando un abrazo...

;D

...Sim embargo aún no desempañas mis dudas con respecto a lo de las lagañas. Jaja. Sigo esperando.

abril 17, 2005 3:39 p. m.  
Blogger Tristán Estar said...

Tienes toda la razón, Rachel. Busqué el estudio psicosomático pero no tuve suerte. En cuanto caiga en un buen sitio donde pueda encontrarlo te lo haré llegar va? Cuenta con eso.

abril 17, 2005 3:41 p. m.  
Anonymous María Luisa said...

Raquel se equivoca de medio a medio, Oscar. Quien tiene una versión muy buena de la escritura de Mary Shelley es el mezcal de tu tierra. Esa tarde solamente presté mi boca.
Felicidades por el Blogg y besos verdes de envidia.

abril 17, 2005 5:58 p. m.  
Blogger Tristán Estar said...

Ora sí me que me hiciste reir, María Luisa. Jaja. Sobretodo el mezcal de cedrón, mi favorito. Pero has de creer que no he caído en charlas "románticas" bajo su influjo? Si es verdad lo que dices ora que vuelva lo intentaré, ¿pero estarás ahí? Puede ser La Casa del Mezcal o de plano, ya poniéndonos fresas, hasta La Costumbre, donde sirven un De la Vega de lo más bueno. Te diría también que fuéramos a El Farolito de Malcolm Lowry, pero aún no lo encuentro, y lo voy a encontrar menos si los poco poéticos de los estudiosos de su obra siguen asegurando que en Oaxaca no estuvo nunca El Farolito. Sniff. Ora resulta que era una cantinucha que ya no existe en Cuernavaca, pero no estoy de acuerdo. El gran alcohólogo que fue Lowry fue en pos de un mezcalito, y fue en pos también de un buen lugar donde sirvieran mezcalitos. Por qué quitarle a mi pueblo ese pedazo de leyenda, pues. (Pero esta es otra historia que nada tiene que ver con nuestro Frankeinstein.)

Por otra parte, lo que me tiene verde de envidia, como dices, es que hayas vuelto a nacer en el Istmo y no en mis Valles Centrales. My city qué, a poco no está re chula la condenada. Se me hace que te merece, y bien. Pero dime: Sólo recuerdo un recuerdo que me contaron sobre esa ocasión: Tú y Shelley entrelazadas, entre las hadas... De casualidad no escribiste algo sobre ello. A mí me gustaría, y demasiado, leerte en esas líneas. Qué dices.

Y otra: Pá cuando tu blog.

abril 17, 2005 6:32 p. m.  
Blogger Raquel Olvera said...

¡ora vas a salir con que las pizzas las copiaron de las tlayudas!

abril 17, 2005 7:07 p. m.  
Blogger Tristán Estar said...

Neee. Nomás las perfeccionamos. Ya probaste la de chapulines con epazote? Ñam ñam.

Bueno, pero eso sí, quesillo nunca. El mozarella siempre tiene que ir de base. Jeje.

abril 17, 2005 7:14 p. m.  
Blogger Tristán Estar said...

Pero ya no hablemos de gastronomía oaxaqueña, porque tengo un amigo (el anonymous de arriba) que anda en Barcelona y está que se muere por una tlayuda.

(Un saludo para ti, mi buen Memo).

abril 17, 2005 7:16 p. m.  
Blogger Valmore Munoz Arteaga said...

Sobre esta cita en Villa Diodati hay tanta información que, al final, sigue siendo todo un misterio. Federico Andahazi escribió una novela sobre esa aventura, "Las Piadosas"; también hay una película llamada Gothic con Gabriel Byrne. El cuento El Vampiro hay críticos que se lo atribuyen al propio Byron, otros afirman que Polidori se inspiró en el Lord para darle vida al Lord de su cuento.
Sin embargo, la mayoría de las versiones afirman que sólo estuvieron en esa velada Byron, Polidori, los Shelley y Claire Clairmond. No sé si Hobhouse estaría con ellos esa noche, ya que, justamente para esas fechas ellos se separaron. La razón? fueron tan cercanos que dejaron de soportarse. De hecho se afirma que, mientras Byron estaba en Suiza, Hobhouse se encontraba en Inglaterra.
Lo cierto es que, efectivamente, esa noche de tormentosa lluvia es -a mi juicio- la noche más importante de todos las noches donde se consume el terror, tanto literario como fílmico.
Saludos.

marzo 29, 2009 5:33 a. m.  

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