28.4.05

De una novela que no ve pa cuándo

Esta mañana encontré debajo de mi puerta un aviso del administrador de condóminos. Un hombre que no conozco, pero imagino de mirada cansada y andar muy suavecito. El aviso era urgente. Y lo era, porque resaltaba un número telefónico y un llano “comuníquese a la brevedad posible”. Además de mirada cansada y andar muy suavecito, ahora el hombre era hosco y poco amable. Pensé un segundo en su vida. Deduje viudez, descontento con los hijos, pensión insuficiente, y otras cosas del tipo. Era tarde y salí de casa. Me comunicaría después desde la oficina. De todos modos, si el problema era la fiesta que había dado en el departamento la noche anterior, el comunicarme con él al primer instante no resolvería nada. Además todos se habían ido temprano. Me cayó mal el tipo. Y eso de comprenderlo debido a sus años —porque debe ser viejo— empeoró un poco las cosas. Si está tan viejo por lo menos que sea amable. Que tome en cuenta que el día que resbale y muera —como suele pasar— los primeros en responder seremos los vecinos. Al menos para resguardar lo último que podría quedarle de dignidad, y no ser un muerto que apesta. Pero en realidad me estaba yendo un poco lejos. Quizás el aviso respondiera razones de otro aspecto. Quien quita que me anunciare que por fin se había reparado el asunto de la toma del gas, y ahora estuviera recogiendo las cuotas. Así olvidaría la lata de bajar por un tanque hasta la esquina siguiente, donde es que se pone en punto de la siete el camión del gasero. Aunque en realidad eso nunca lo creería. Pero era lo único que venía a mi cabeza con tal de no seguir pensando mal sobre el viejo. Sin embargo, eso de abandonar la idea de caerme en el hígado hubiera sido una mentira. Soy sincero conmigo mismo, y siempre he pensado así. De ahora en adelante, sea como pasen las cosas, invariablemente no veré bien al viejo.

*

Ocupo el condominio desde hace cosa de medio año. Un edificio de muchos viejos. Mi casera incluso es muy vieja. Una mujer olvidada que atendió enseguida el llamado de una nieta residente en Calexico, según me dijo. Mire, jovencito, yo ya estoy vieja, de aquí pa’delante sólo queda la muerte. De aquí para adelante —pensé— es lo mismo para todos, pero ¿cuál era el fin de entablar una conversación del estilo con ella? Le digo que no se preocupe, señora, llévese dos meses por cuenta del depósito, y en punto de cada primero le transfiero las mensualidades. Pus más le vale, jovencito, que le digo que ese dinero es nomás pa’pagar los gastitos de mi muerte, y que mi nietecita no tenga que cargar con la molestia. Vaya tranquila, señora, de verdad que está tratando usted con una persona confiable. Así lo espero, me dijo, y estiró su puñito tembloroso, del tamaño de un colibrí, y dejó en mis manos un trozo de papel con un número de cuenta bancaria. Lo último que vi de la vieja fue una sonrisa que pudo ser angelical. Ésa —creo— era la intención, aunque no lo quisieran así sus dientes. Después la vieja cerró la puerta.

*

No es fácil vivir en una ciudad como ésta. Apenas se llega y sientes un frente frío que acude a la cara, algo extraño. O una máscara delgadísima que viene a colgarse de las mejillas. Y quitársela, después del baño, aún no es fácil. Pero así son las sensaciones. Uno se acostumbra a un suelo cálido, no por caliente sino porque se siente a través de las suelas la familiaridad, que cuando pisas estas baldosas, que se corren kilométricamente hasta no-sabes-dónde, no puede uno sentirse equilibrado. Al menos en un principio. Pero es verdad que el primer contacto con estas baldosas se anuncia hasta cada extremo de la ciudad. Es como si bajaras el pie del bus, o del tren o del automóvil, de lo que sea, y apenas tocar propiciaras una vibración como la de la piedra al contacto del agua. Todo mundo en esta ciudad sabe, entonces, que está arribando uno nuevo. Otra piedra en el fondo del agua. Y creo que ése ha sido el destino de esta tierra por siglos. Allá abajo hay muchas piedras. La ciudad de los lagos ya no es de los lagos, al menos perdió la facha. Pero la gente que coexiste en ella, como si fuera parte de su inmobiliario —y que lo es—, aún siente el temblorcillo que se sube a sus rodillas, anunciando la presencia de uno más. Tomando esa presencia con la tranquilidad que exige la costumbre. Y se siente el uno-más cuando se llega a ella. Siempre sin rodeos, entre hipócrita y sincera. Por un lado recriminando tu nulo conocimiento de los males de la bomba migratoria, y por el otro extendiéndote la llave de la ciudad. No es fácil acostumbrarse, pues, a vivir aquí. Que es lo mismo que a vivir en la incongruencia, en la contradicción, aún cuando el hombre es contradictorio desde el asunto ése del pecado original. Y yo soy también contradictorio. Y no sabe uno en qué momento pierde los estribos. O no los estribos, sino más bien la identidad. No identidad por nulidad de rostro y nombre. Identidad por lo queda, o se deja, del otro lado de las puertas. Del otro lado del paisaje. En qué momento de restaurantes y centros comerciales y cantinas y cruces de avenida, se tira, por ejemplo, un brazo. O en qué momento recogemos un tercero.

7 Comments:

Blogger PEPE JR. said...

Tocas uno de los aspectos importantes del ser humano. De como puede uno cambiar de maneras distintas el comportamiento humano. ES BUENO:::EN BUENO

abril 28, 2005 5:23 p. m.  
Blogger Tristán Estar said...

Thnks, mi buen Tabajco.

abril 29, 2005 8:30 p. m.  
Blogger Tristán Estar said...

Con los problemas técnicos que sufrió Lumbre Culebra perdí un comentario de este post, pero aquí está (pal que le interese)...

Santiago (www.terciopeloverde.blogpot.com), el 28 de abril, a las 8:42 pm, dijo:

"buenas, llego desde lo de Chimal. me gustó tu blog, por acá andaremos.Saludos"

A lo que yo contesté, el mismo 28, a las 8:47 pm:

"Santiago, gusto que llegues. Lástima que sea en un momento en que ha cuasicolapsado el blog (esto debido a mis patéticos conocimientos en HTML). Pero de todos modos seguiré y me daré un vuelta por Terciopelo Verde."

Hasta acá, pues, los comments perdidos para este blog.

;D

abril 29, 2005 8:46 p. m.  
Anonymous RO CID DE LEON said...

ME GUSTA, ME GUSTA ESTA NOVELA QUE NO VES PA´CUANDO, DEBERIAS ANIMARTE. POCAS VECES SOY CAPAS DE LEER TUS LETRAS Y ESO QUE SOY TU HERMANO, NO ME JUSGUEZ PORFAVOR, SOY UN TIPO DIFICIL DE LLEGAR CON LETRAS Y ESO TU LO SABES, PERO ESTE COMIENSO EN PARTICULAR ME HA AGRADADO MUCHO, CLARO QUE DEBO SER HONESTO, ES DE LO POCO QUE TE HE LEIDO... PROMETO INTERESARME MAS. LO PROEMTO DE VERDAD

mayo 06, 2005 3:48 p. m.  
Blogger Tristán Estar said...

Ja. Conste eh? En los próximos días, si hay tiempo, seguiré con ella.

;)

mayo 06, 2005 11:49 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Oye a mi también me gusta mucho, aunque me estremece. Ese perderse entre la multitud es algo que nunca he experimentado y que siento que me hizo mucha falta. Pero a decir verdad pienso que con mi aspecto ni siquiera ahí podría lograrlo. Soy la que soy y también allá lo sería por lo menos en mi cuadra o mi manzana ¿no crées? Pero sigue, y sigue compartiendo. No voy a acabar de leer nunca tu blog. Que bueno que también te anime Ro.
¿Te gusta que ponga anónima?

julio 10, 2005 1:24 p. m.  
Blogger Tristán Estar said...

Neee. Anónima no. :C

julio 11, 2005 11:02 p. m.  

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