1.10.14

Un chiste cruel

"Y pues ya, padre". Se acerca Laura y se sienta en el brazo del sofá donde se encuentra Juan Almela, o Gerardo Deniz. "¿Y ahora dónde te vas a colgar la medalla?", bromea. "¿Acá?", le dice señalando el pecho. "¿O aquí?", indicando la frente. "¿O te vas a hacer con ella un anillo? ¿O ponértela de sombrero?"
El poeta, desde la ceguera, levanta la cabeza hacia la voz de la hija y esboza una carcajada, sin sonido.
En realidad, a Deniz le parece todo esto de la medalla un "chiste cruel" por parte de las instituciones.
Hace unos minutos abandonó su departamento de la Colonia del Valle, sobre Providencia, la directora del INBA, María Cristina García Cepeda, quien acudió a su domicilio para entregarle la Medalla Bellas Artes por su trayectoria.
La condecoración tiene para el poeta un tufo de humor negro.
"Una medalla, sea como sea, y con todos los adornos que se le quiera poner, pues tiene siempre ese elemento, ¿cómo decirlo?, de andarle dando esperanzas a alguien que está muy enfermo y tiene cumplidos 80 años… Se parece a aqsuello que llamaban chiste cruel", dice Deniz.
Deniz, poeta de culto, autor de libros elementales como Adrede, Gatuperio y Picos pardos, ya no sale de su casa y eso lo tiene deprimido. Por eso incluso el INBA fue entregarle a domicilio la distinción. Lamenta ya no ver y estar inactivo.
Dice usted que ya no está activo, pero sigue escribiendo y publicando libros.
Ay, publicando...
¿O sea que ya no le hace gracia publicar?
Nunca me hizo mucha.
¿Podría quemar todo?
Ay, sí.
Con el "Ay, sí", el poeta hace un gesto con el brazo, como quien manda todo al diablo, y su familia, reunida en torno a él, ríe.
"¿Pero entonces por qué escribes, Juan?", interrumpe su cuñada María Eugenia. "Porque me aburro", es su respuesta.
Pero hoy queda lejos el tedio, la aburrición. Es un día especial, o así lo entienden al menos quienes lo rodean. Allí están, en medio de tazas de café y galletas, doña Josefina, su mujer; sus hijas Elsa y Laura; sus nietos Lucía y David Juan, además de sus cuñadas y el poeta Fernando Fernández, su amigo.

El alboroto que había provocado la presencia de la directora del INBA y todo su equipo en el pequeño departamento de Providencia ya no existía. Ahora quedaba todo en familia, como si nada, de pronto, hubiera ocurrido. Que, para Juan Almela, o Gerardo Deniz, nada, efectivamente, había ocurrido.
*Texto publicado en Reforma ayer, 1 de octubre. La entrega de la medalla fue el 30 de septiembre.

Almela y su nieto David, quien le detalla los motivos de la medalla.

30.9.14

:
Hay atardeceres que son un hoyo negro. Que resbalan para adentro, que se comen a sí mismos y que muy de lejos llaman. Y que jalan.
Habemos hombres que somos hoyos negros.

30.8.14

:
Cuento. Siempre estoy contando mentalmente. Mientras atravieso el parque. Mientras miro una obra de arte.

29.7.14

:
Me tomo selfies para cerciorarme de que sigo allí.

17.6.14

:
El antro era un rubio.
Era el chico de ojos claros y cabello corto con el culo desnudo apuntando a los lobos desde la barra.
Era el culo lampiño y blanco, redondo, casi plástico, brillante.
Era el puño moreno de un oso entrando por el ano lubricado, piedra negra entre la arena blanca, y un gemido caliente haciéndose del espacio.
Era el gemido entregado del rubio que encendía la médula del antro, que quemaba.
Eran los líquidos que escurrían por sus muslos plásticos.
Era el sudor formándose en las inglés de los lobos.
El hambre de los lobos.
El olor del ano bien follado entrando en sus gargantas.
Era la sensación colectiva de gargantas abiertas de lobo, la comezón en los culos, el poder de sus vergas abriéndose paso en las braguetas, apuntando hacia el chico rubio sodomizado.
Las vergas potentes, escurriéndose como frutos abiertos por manos las desesperadas.
Era la certeza de poder matar a cambio de entrar en el centro del universo.
Y aullaban.

El centro del universo que era el punto más profundo del cuerpo desnudo del chico rubio, gimiendo como puta, desde la barra.

4.5.14

:
Y si a lo largo de nuestros infiernos nos encontráramos con los dientes de todas las cosas que dejamos ir, que sea así.
—¿Y si los dientes muerden?

16.4.14

:
Colonia San Rafael, 2014.

11.3.14

Tristán 35

12.2.14

:
Sucede, no sé por qué sucede, que una norma payasa dicta que el lector de Cortázar en algún momento ha de tomar distancia de Cortázar, ¿no? También sucede que es norma aborrecer París y fumar Gauloises. Quiero decir que no fumarlos, aunque también los fumara Sartre. Mucho menos pensar en la Maga, distinguir desde lejos sus formas mientras sonríe sin sorpresa en el Pont des Arts. Sucede pues que se toma distancia, y que a 30 años de distancia de la muerte de Cortázar se sigue tomando distancia, y para qué. Hoy se cumplen esos 30 de ese grande y los distanciados habrían de decirle, habríamos, lo de un versito suyo: "Ya no te amo, mi amor".
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