13.1.14

:
Lunes 13, en el 40 aniversario de la muerte de Salvador Novo, arranca oficialmente mi 2014. Y pienso en su romance breve de la ausencia:
Otro es éste, que no yo,
mudo, conforme y eterno
como este amor, ya tan mío,
que irá conmigo muriendo.

31.12.13

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Te agradezco la historia, 2013.
Hola, 2014.

8.12.13

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Supongo que hoy cierro el año, 8 de diciembre. Corren los créditos de una película que arrancó el 25 de enero. He de quedarme en la butaca hasta que enciendan las luces y se despeje la salida.

19.11.13

:
Cuando los periodistas ingresan a la casa de Elena Poniatowska, ella se encuentra al teléfono. "A ver si no me da aquí un soponcio y mi corazón se va rodando por las escaleras", expresa a su interlocutora.
Habla con Elena Ramírez, su editora de Seix Barral en España.
Desde ese país la despertó la noticia de que había ganado el Cervantes.
La prensa, que había aguardado a las puertas de su casa por más de una hora, ingresando de a poco, en pequeños grupos, porque su casa es muy pequeña y no todos caben, quiere saber quién más le ha llamado para felicitarla.
"Peña Nieto, no", se apresura a responder: "Pero tampoco Andrés Manuel. A Andrés Manuel le importa la literatura un pepino. Bueno, si yo fuera Benito Juárez quizás me hablaría, porque él lo único que ama en la vida es a Juárez".
La escritora y periodista se muestra feliz, más sonriente que nunca.
Estaba en pijama cuando le anunciaron que era la nueva Cervantes y nunca se esperó este momento. Se disculpa incluso por el apretado recibimiento.
"Esta casa es chiquita, no es para un Premio Cervantes".
Dice que la distinción la dedica también a los periodistas, como ella: "Ustedes deberían estar muy contentos".
A falta de sillas para todos los colegas, ella prefiere permanecer de pie mientras cuenta cómo se inició en el oficio.
Fue en 1953, cuando publicó su primer texto en el Excelsior, una entrevista que le hiciera al entonces Embajador de EU en México, Francis White. Ella tenía entonces de 21 años y la entrevista se la había conseguido su madre durante un coctel.

Muy sonriente, la escritora indica: "Le hice una entrevista absolutamente pendeja, pero la publicaron".

31.10.13

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Tapiado de ventana, pieza involuntaria afuera del taller de Erick Meyenberg, en la Santa María La Ribera.

25.9.13

:
A lo mejor, en un mundo paralelo, estoy tocando el piano.

31.8.13

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31.7.13

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Entre un costillar crudo de res y los desnudos de Lucian Freud están los desnudos de Francis Bacon. Me quedé pensando.

12.6.13

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No recuerdo el camino por el que se sube a la Acrópolis. O no recuerdo al menos el camino por el que subí. Me acuerdo del perro que me salió por una esquina y subió conmigo hasta que en una de ésas volteé y ya no había perro. Me acuerdo del perro porque pensaba en el perro mientras subía. Luego una chica de ojos amarillos se me acercó para venderme textiles. Tenía el rostro de Antinoo pero era una chica. Yo sólo pensaba en Adriano para entonces. El Adriano de Yourcenar. Y esa chica pudo ser el alma encabalgada del esclavo griego que fue Antinoo de Adriano. Su Antinoo. El nombre de Antinoo no tiene la belleza que sí tenía Antinoo, y creo que en eso pensaba además del perro. O lo pienso ahora que no recuerdo el camino por el que se sube a la Acrópolis. Ni si había más personas o estaba solo con el perro en la cabeza y el recuerdo de Antinoo cuando miré las cariátides y me olvidé de todo. Hubiera deseado que el cielo gris se cerrara por completo de nubarrones para circunscribir todo a su imagen y atravesar los espacios como quien se devuelve, abstraído, a su sitio. De alguna manera su sitio. Un vientre. Una matriz. La vagina blanca y pétrea de Atenea, nunca atravesada por un miembro. Atenea, aunque no tanto como Artemisa, siempre fue de mis favoritas. Me recordé en el cole pegando sobre el cuaderno sus monografías. En una de ellas se le mostraba nacida de la frente de Zeus. Descansaba sobre una lanza y, a su pies, una serpiente. Se dice que la serpiente es Erictonio, su hijo adoptivo, porque su vagina, ya lo dije, nunca conoció verga y me sigue sorprendiendo. Según el mito, Hefesto intentó violarla un día, pero el semen resbaló por los muslos de Atenea para después fecundar la tierra, a Gea. Erictonio nacería con cuerpo de serpiente y Atenea lo adoptó. Llegaría incluso a convertirse en el primer rey semi-mítico de Atenas. La Atenas que ya no había. ¿Dónde estaba yo en el año 338, cuando Filipo II de Macedonia venció a atenienses y tébanos dando fin a la antigua civilización griega? La pregunta se la hace en realidad Nooteboom a Poseidón en un libro que estoy leyendo y que yo tomo para hacérmela ahora. ¿Dónde estaba? El punto es que el cielo estaba más o menos abierto y no me pareció la Acrópolis una vagina entre nubes grises cargadas, como carnes. No recuerdo tampoco el camino por el que bajé y nunca he de recordarlo. No había perro ni los ojos amarillos de la chica que era Antinoo cuando bajé del sitio, o no creo. No recuerdo incluso la foto ésa que alguien me tomó antes del regreso. De fondo, la Acrópolis. Mi sonrisa idiota. Volví a mí, me parece, en el barrio de Plaka, en medio de algunas tiendas. Me parecieron burdas las postales que reproducían las cariátides del templo que Atenea compartía con Poseidón y Erictonio, el Erecteón. Allá el viento, bajo el cielo grisáceo, sí las tocaba.
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